Diagnóstico erróneo o tardío
Un diagnóstico incorrecto o demorado puede cronificar tu lesión y convertir una dolencia pasajera en permanente. Además, retrasar la detección de patologías graves ocultas por el accidente puede tener consecuencias vitales.
Tratamiento inadecuado o incompleto
Cuando las terapias no son las correctas, tu estado puede empeorar. Un tratamiento incompleto o un alta prematura te obligan a reiniciar la recuperación, con más sufrimiento, más baja y mayor deterioro físico.
Falta de pruebas o derivaciones
Omitir pruebas fundamentales o negar la derivación a un especialista impide un diagnóstico preciso y te mantiene en riesgo y dolor. Esto limita las opciones de tratamiento y deja avanzar lesiones sin control.
Mala gestión de la rehabilitación
Si la rehabilitación no es personalizada, supervisada, o se interrumpe antes de tiempo, puede dejar debilidad, movilidad limitada o dolor crónico. Reduce drásticamente tus opciones de volver a tu puesto habitual.
Errores quirúrgicos
Lesión de nervios o vasos, olvido de material quirúrgico o intervención en el lugar equivocado. Provocan un daño añadido y obligan a nuevas cirugías, con más riesgos, dolor y tiempo de recuperación.